Recordad, queridos hermanos y hermanas, que pocos de vosotros erais sabios a los ojos del mundo o poderosos o ricos cuando Dios os llamó. En cambio, Dios eligió cosas que el mundo considera necias para avergonzar a los que se creen sabios. Y eligió cosas que son impotentes para avergonzar a los que son poderosos. Dios eligió cosas despreciadas por el mundo, cosas consideradas como nada, y las utilizó para reducir a la nada lo que el mundo considera importante. Como resultado, nadie podrá jactarse jamás en presencia de Dios. Dios te ha unido a Cristo Jesús. Por nuestro bien, Dios hizo de él la sabiduría misma. Cristo nos hizo justos con Dios; nos hizo puros y santos, y nos liberó del pecado. Por eso, como dicen las Escrituras: “Si quieres presumir, presume sólo del Señor”.
