Igual que un cuerpo, aunque es uno, tiene muchas partes, pero todas sus muchas partes forman un solo cuerpo, así sucede con Cristo. Pues todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para formar un solo cuerpo -judíos o gentiles, esclavos o libres- y a todos se nos dio a beber un solo Espíritu. Así pues, el cuerpo no se compone de una sola parte, sino de muchas. Ahora bien, si el pie dijera: “Como no soy una mano, no pertenezco al cuerpo”, no por ello dejaría de formar parte del cuerpo. Y si la oreja dijera: “Como no soy un ojo, no pertenezco al cuerpo”, no por ello dejaría de formar parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera un ojo, ¿dónde estaría el sentido del oído? Si todo el cuerpo fuera un oído, ¿dónde estaría el sentido del olfato? Pero, de hecho, Dios ha colocado las partes del cuerpo, cada una de ellas, tal como quería que estuvieran. Si todas fueran una sola parte, ¿dónde estaría el cuerpo? Así es, hay muchas partes, pero un solo cuerpo.
